ENTREVISTA A RAFAEL GONZÁLEZ-QUIRÓS, SUBDIRECTOR DEL IEO

Existe un aumento paulatino del nivel del mar y la temperatura que va a más

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La pesca se encuentra en permanente crisis por las fluctuaciones de la biomasa; el stock de sardina está al nivel más bajo desde que se mide.

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Rafael González-Quirós estudió en la Universidad de Oviedo y allí realizó su doctorado, permaneciendo como asistente de investigación durante varios años. Obtuvo una beca posdoctoral para pasar dos años investigando en el Scripps Institution of Oceanography (Universidad de California, San Diego) y, tras pasar varios años como investigador en otros centros, en 2008 entró a formar parte de la plantilla del Instituto Español de Oceanografía, en el centro de Gijón. Acaba de ser nombrado subdirector del Instituto Español de Oceanografía (IEO), lo que implica su traslado a Madrid.


–¿Cómo afronta el cambio?


–Fue bastante rápido. Yo venía de ocupar el puesto de jefe de área de Medio Marino, que es una de las tres áreas del IEO –las otras dos son pesquerías y acuicultura– y ahora voy a ser quien coordine toda la investigación colaborando con una nueva jefa de área que está en Madrid. Por razones de operatividad tendré que estar más presente allí. Para mí es un reto porque la situación actual no es buena, llevamos así desde que empezó la crisis y la intervención previa ha supuesto bastantes problemas. La congelación de la renovación de personal afectó tanto al número de investigadores como al personal de administración y eso nos ha supuesto muchos problemas de gestión de proyectos.


–¿Por ejemplo?


–Nuestros principales problemas están en la tramitación de expedientes para la reparación o compra de un aparato y en la incorporación de nuevos científicos. Por eso, mi labor fundamental es tratar de facilitarles la labor a los investigadores, además de coordinar y dirigir hacia dónde va el futuro de la oceanografía y buscar nuevas oportunidades en ello.


–¿Cómo han acogido la última medida del Gobierno para garantizar la equiparación salarial del personal de todos los organismos públicos de investigación (OPI)?


–Creo que es una medida positiva y una reclamación que existía desde hace mucho tiempo, desde que se desarrolló la ley de la Ciencia con la ministra Garmendia. Lo que ahora se logra es la equiparación con el CSIC, donde hay distintas escalas en la carrera investigadora. De alguna manera es un reconocimiento para incrementar la producción científica que con la crisis se había venido retrasando. Son iniciativas que hacían falta porque a los centros de investigación los procesos administrativos nos atrapan muchísimo. Cualquier procedimiento de selección de personal supone que se alarguen los trámites cuando los proyectos de investigación, normalmente, son a tres años y al final pierdes más tiempo tratando de resolver problemas administrativos que en dedicarte a la investigación.


-Usted era el representante español en la comisión oceanográfica intergubernamental de la Unesco. ¿Qué aprendizaje saca de esa etapa? ¿Se mira más ahora hacia el océano gracias a este tipo de iniciativas internacionales?


–A través de este órgano se coordinan las actividades de investigación en los océanos y se ha impulsado la Década Internacional dedicada a las Ciencias Oceánicas para impulsar un poco más ese trabajo. Lo que se está poniendo de manifiesto es la importancia de los océanos en multitud de aspectos: uno de ellos es la interacción que tienen en el cambio climático. El océano ha absorbido más del 90% del exceso de calor que se ha producido como consecuencia de la liberación de los gases efecto invernadero. La temperatura hubiera sido más alta si los océanos no hubieran absorbido todo ese calor. Esas estimaciones se conocen por toda una red de observación que se ha ido poniendo en marcha a lo largo de los años, sobre todo por las boyas Argo, que mandan toda la información del océano. Hay entre 4.000 y 4.500 repartidas por las aguas de todo el mundo.-


-¿Qué tipo de información ofrecen sobre el aumento de nivel del agua y la temperatura?


–Los mareógrafos han venido registrando un aumento paulatino en los últimos 50 años que se va acelerando poco a poco. Las consecuencias de ese incremento de temperatura son multitud.


-¿Las más llamativas?


–Desde la modificación en las corrientes oceánicas hasta cambios en los ecosistemas como la distribución de determinadas especies que se están desplazando hacia el Norte. Hay cambios bastante espectaculares como el bacalao en el mar de Bering que está colonizando toda la zona norte de la costa noruega. Pero no todo son consecuencias negativas, porque en este caso se está incrementando la biomasa, aunque ese tipo de cambios son difíciles de prever y también de gestionar. Uno de los más drásticos que se están observando son los problemas con los corales que está muy relacionado con la acidificación del océano.


-¿Qué peligro supone para los océanos los métodos de pesca actuales?


–Las poblaciones de peces suelen fluctuar de forma natural porque los peces ponen una enorme cantidad de huevos con la esperanza de que alguno sobreviva. Las poblaciones pueden aumentar de forma repentina en muy poco tiempo, pero también se puede dar el caso contrario si las condiciones son malas. Fluctúa mucho de forma natural, pero si a eso unes un factor que pueda reducir las poblaciones y favorecer que una población colapse y agregas la interacción del cambio todo se complica más.


-¿Alguna especie en situación crítica?


–Hay muchas, en todo el mundo. Por ejemplo, el bacalao en la costa de Estados Unidos, desde el colapso de los años setenta ya no se ha recuperado. La sardina atlántica, igual. En este momento tiene un stock que se sitúa en niveles muy bajos, de los más bajos que conocemos desde que medimos su abundancia y mucho más que en los sesenta cuando se pescaba en gran cantidad. Se están tomando medidas igual que en su día se cerró la pesquería de anchoa en el golfo de Vizcaya y después de cinco años de cierre se recuperó. Pero la realidad es que la pesca se encuentra en permanente crisis por estas fluctuaciones y porque a medida que se mejora la tecnología se va accediendo a nuevos caladeros.


-Los plásticos son la nueva preocupación en torno a la salud de los océanos.


–El problema son, sobre todo, los microplásticos, que son partículas que continúan aumentando porque no se descomponen. Si no se toman medidas irá a más, aunque es verdad que se está tomando conciencia de ello. Es importante porque la acuicultura, en buena parte sustituirá las necesidades de proteína animal de los países en vías de desarrollo que tienen una dependencia más alta de ella. El mar juega un papel muy importante en la seguridad alimentaria.


-También formaba parte de la representación del IEO en el observatorio de la playa de San Lorenzo. ¿Cuál es su diagnóstico sobre el arenal gijonés?


–Nosotros estábamos como observadores. Los trabajos de análisis correspondieron a la Universidad de Oviedo y el Ayuntamiento nos llamó para que diéramos nuestra opinión, pero no hemos hecho el seguimiento de la dinámica. Como ha dicho el catedrático Germán Flor, es un fenómeno natural en el que la mayor parte de procesos vienen originados por cambios de las marejadas del invierno y eso hace que unos veranos haya más o menos arena, pero, en principio, tampoco parece que el puerto de El Musel sea muy importante en lo que se está observando.

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