Investigadores del IEO proponen un modelo de gestión del boquerón que tiene en cuenta las actividades humanas en el estuario del Guadalquivir

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Un estudio del IEO analiza los retos y oportunidades de adoptar una gestión basada en el ecosistema en el golfo de Cádiz.


Investigadores del Centro Oceanográfico de Cádiz del Instituto Español de Oceanografía (IEO) han publicado un trabajo en el que analizan los retos y oportunidades de adoptar una gestión de la pesquería de boquerón en el golfo de Cádiz basada en el ecosistema, es decir, no solo considerando la población y características de la propia especie, sino sus relaciones con el ambiente y los impactos de la actividad humana.


Tradicionalmente, las pesquerías europeas se han gestionado -en el mejor de los casos- de forma monoespecífica. Esto quiere decir que las capturas permitidas se establecen de acuerdo a estimas de biomasa de la población, sin tener en cuenta el efecto de las condiciones climáticas, las interacciones con otras especies o las consecuencias de actividades humanas más allá de la pesca. La gestión del océano de una forma holística, que incorpore las interacciones entre estos factores es lo que se conoce como enfoque ecosistémico.


Este nuevo trabajo revisa varias cuestiones a considerar con vistas a una futura gestión ecosistémica para el caso del boquerón en el golfo de Cádiz, una especie emblemática, con gran importancia económica y cultural.


En primer lugar, el estudio analiza los principales sectores de actividad con influencia sobre el estuario del Guadalquivir, ya que se trata del lugar donde esta especie cría y se desarrolla durante los primeros estadios de su vida. En este sentido, se describe como la agricultura, acuicultura, producción de sal, la minería o el transporte marítimo-fluvial repercute en esta zona. Además, se revisan eventos clave del pasado como el desastre de Aznalcóllar (1998), el evento de gran turbidez del 2008 o el plan de gran dragado del Guadalquivir (2000) y su efecto en la población de boquerón.


"Si bien esta zona ha sido protegida bajo la figura de Reserva de pesca del bajo Guadalquivir, las medidas de protección establecidas regulan únicamente a la pesca en la reserva y no tienen en cuenta presiones que se realizan arriba en la cuenca del río", explica Marcos Llope, investigador del Centro Oceanográfico de Cádiz del IEO y autor del trabajo.


Del análisis de estos sucesos se extraen tres visiones ecosistémicas alternativas y se proponen dos estructuras institucionales que podrían eventualmente articularse para una gestión ecosistémica que busque un balance entre los intereses de los distintos sectores.


"Es conocido que el golfo de Cádiz presenta una de las tasas de desempleo más altas de Europa. Sin embargo, tiene un gran activo que es su mar y de su buena gestión -y esto implica el despliegue de la gestión ecosistémica- dependerá que el golfo de Cádiz sea capaz de aprovechar las oportunidades de la Economía Azul, la gran apuesta de futuro de la UE", apunta Llope.


El enfoque ecosistémico en Europa


Tanto la FAO, como la Convención sobre Biodiversidad, la política pesquera común (CFP) las directivas europeas sobre aguas continentales (WFD) y las Estrategias Marinas (MSFD) encomiendan la adopción del enfoque ecosistémico.


Desde el Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) se está haciendo un gran esfuerzo para transformar su labor de asesoría, de forma que tenga en cuenta el mayor número de factores ambientales y sociales en la gestión de la pesca. "En el golfo de Cádiz llevamos varios años trabajando en uno de estos grupos con el propósito de conceptualizar como debería de ser esta expansión", explica Llope.


Aunque este enfoque ha sido formalmente adoptado desde los años 90, su aplicación operativa aún no está suficientemente implementada. En los últimos tiempos se están incorporando indicadores ecosistémicos a la evaluación de pesquería. Por ejemplo, en el Mar de Barents para establecer las capturas de bacalao -una de las poblaciones de peces más productivas y mejor gestionadas del mundo- se tienen en cuenta la biomasa de capelán (su principal presa), la cobertura del hielo y la temperatura de las aguas.


A pesar de que cada vez hay más ejemplo de pesquerías que incorporan información sobre el ecosistema, éstas aún representan un 2% de los casos a nivel global.

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