​El Puerto necesita de ingenieros de caminos, canales y puertos

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ESCUDO Gris

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El 9 de septiembre del pasado año, la Junta Rectora de la Demarcación de Las Palmas del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos acudió a una entrevista, previamente solicitada, con el nuevo Director de la Autoridad Portuaria de Las Palmas.


El motivo era doble: primero, darle la enhorabuena, poniéndonos a su disposición para lo que necesitara. Segundo, trasladarle nuestra preocupación por la escasa y menguante presencia de ingenieros de caminos, canales y puertos (ICCP) en esa Autoridad Portuaria. Sirva de muestra que, mientras en la Autoridad Portuaria de Baleares trabajan 13 ICCP, en la Autoridad Portuaria de Las Palmas sólo trabajan 3. El último fue contratado hace 20 años. Estos datos ya se los habíamos trasladado al Presidente Ibarra en enero del mismo año.


Sin embargo, hay una idea que se viene repitiendo desde entonces y que ha buscado eco en la prensa últimamente. Es una idea que consideramos equivocada, y viene a decir que dado que las grandes infraestructuras portuarias están construidas, ya no hacen falta ingenieros sino gestores del suelo. Esta idea muestra un total desconocimiento del sector y de la formación académica que hemos recibido.


En primer lugar, los ICCP no sólo diseñamos y construimos infraestructuras, como erróneamente se está sugiriendo, sino que recibimos una formación integral que adicionalmente nos capacita para intervenir en la planificación y explotación portuaria con una visión completa, inédita en cualquier otra profesión. Tal vez conviene recordar que los programas de estudios incluyen asignaturas como economía en general, economía del transporte, explotación, gestión y dirección portuarias, organización y gestión empresarial, e incluso derecho administrativo y laboral. Este conjunto de capacitaciones solo figura entre los contenidos curriculares de la carrera de ICCP.


En todo caso, hay que recordar que, si actualmente los puertos españoles son eficientes y útiles en la cadena del transporte, es gracias al esfuerzo creativo e innovador de generaciones de ingenieros civiles, líderes reconocidos en ingeniería marítima y portuaria, que han diseñado infraestructuras portuarias en una costa con una morfología natural adversa, pues nuestros puertos no se sitúan en amplios estuarios naturales como los grandes puertos europeos, americanos o asiáticos, sino que ha sido preciso adentrarse en el mar para construirlos.


Pero además, las infraestructuras portuarias deben renovarse y adaptarse constantemente a los nuevos requerimientos de las operaciones portuarias, y sobre todo deben mantenerse adecuadamente, y más aún ante las crecientes solicitaciones derivadas del calentamiento global. Y todo eso requiere de ingenieros civiles portuarios expertos con suficiente capacidad de acción.


En segundo lugar, el suelo portuario no es cualquier suelo, sino que es dominio público. Los ingenieros civiles conocen bien la gestión del dominio público en favor del interés general, porque lo han estudiado, pues su campo de acción específico es habitualmente el dominio público: el hidráulico, el de carreteras, el litoral, y dentro de éste, el portuario, y en general el espacio público necesario para los grandes equipamientos urbanos y metropolitanos (tratamiento y abastecimiento de aguas, gestión de residuos, viales y parques).


Los puertos son organizaciones complejas en las que intervienen multitud de actores con diferentes intereses, y el conjunto de todos ellos tiene gran influencia en su hinterland y en particular en la economía local, con mayor peso en puertos insulares. La responsabilidad de sus gestores va mucho más allá de defender una cuenta de resultados favorable, siendo necesario tanto planificar a medio/largo plazo como gestionar e incluso comercializar en el día a día la infraestructura y sus servicios asociados para que los actores puedan desarrollar su actividad de la manera más eficiente posible, en un contexto internacional de alta competencia.


Consecuentemente, las Autoridades Portuarias requieren de plantillas multidisciplinares para poder afrontar con éxito estos retos, en las que no solo no pueden faltar los ICCP, sino que debe haber los necesarios para cubrir adecuadamente todas las facetas de la actividad portuaria, y con un nivel de responsabilidad acorde con las funciones a desempeñar por su formación y capacitación. Por último, deben contar con suficientes ingenieros jóvenes para que a través de su aprendizaje pueda asegurarse el relevo de los mayores.


Los puertos españoles se han forjado durante décadas gracias a un efectivo trabajo creativo, y de éxito reconocido, en el que los ICCP han desempeñado un papel de liderazgo muy relevante, y como la actividad portuaria y la estructura alcanzada por los puertos tienen mucha inercia, todavía el conjunto de los puertos vive de aquellas rentas, pero es ilusorio pensar que por buenos que sean los resultados actuales, estos se pueden mantener indefinidamente si se apuesta por eliminar o reducir la componente técnica especialista a la que deben su fortaleza.


No nos inspira la nostalgia sino la ambición por tener un futuro mejor.

​El Puerto necesita de ingenieros de caminos, canales y puertos

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El 9 de septiembre del pasado año, la Junta Rectora de la Demarcación de Las Palmas del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos acudió a una entrevista, previamente solicitada, con el nuevo Director de la Autoridad Portuaria de Las Palmas.


El motivo era doble: primero, darle la enhorabuena, poniéndonos a su disposición para lo que necesitara. Segundo, trasladarle nuestra preocupación por la escasa y menguante presencia de ingenieros de caminos, canales y puertos (ICCP) en esa Autoridad Portuaria. Sirva de muestra que, mientras en la Autoridad Portuaria de Baleares trabajan 13 ICCP, en la Autoridad Portuaria de Las Palmas sólo trabajan 3. El último fue contratado hace 20 años. Estos datos ya se los habíamos trasladado al Presidente Ibarra en enero del mismo año.


Sin embargo, hay una idea que se viene repitiendo desde entonces y que ha buscado eco en la prensa últimamente. Es una idea que consideramos equivocada, y viene a decir que dado que las grandes infraestructuras portuarias están construidas, ya no hacen falta ingenieros sino gestores del suelo. Esta idea muestra un total desconocimiento del sector y de la formación académica que hemos recibido.


En primer lugar, los ICCP no sólo diseñamos y construimos infraestructuras, como erróneamente se está sugiriendo, sino que recibimos una formación integral que adicionalmente nos capacita para intervenir en la planificación y explotación portuaria con una visión completa, inédita en cualquier otra profesión. Tal vez conviene recordar que los programas de estudios incluyen asignaturas como economía en general, economía del transporte, explotación, gestión y dirección portuarias, organización y gestión empresarial, e incluso derecho administrativo y laboral. Este conjunto de capacitaciones solo figura entre los contenidos curriculares de la carrera de ICCP.


En todo caso, hay que recordar que, si actualmente los puertos españoles son eficientes y útiles en la cadena del transporte, es gracias al esfuerzo creativo e innovador de generaciones de ingenieros civiles, líderes reconocidos en ingeniería marítima y portuaria, que han diseñado infraestructuras portuarias en una costa con una morfología natural adversa, pues nuestros puertos no se sitúan en amplios estuarios naturales como los grandes puertos europeos, americanos o asiáticos, sino que ha sido preciso adentrarse en el mar para construirlos.


Pero además, las infraestructuras portuarias deben renovarse y adaptarse constantemente a los nuevos requerimientos de las operaciones portuarias, y sobre todo deben mantenerse adecuadamente, y más aún ante las crecientes solicitaciones derivadas del calentamiento global. Y todo eso requiere de ingenieros civiles portuarios expertos con suficiente capacidad de acción.


En segundo lugar, el suelo portuario no es cualquier suelo, sino que es dominio público. Los ingenieros civiles conocen bien la gestión del dominio público en favor del interés general, porque lo han estudiado, pues su campo de acción específico es habitualmente el dominio público: el hidráulico, el de carreteras, el litoral, y dentro de éste, el portuario, y en general el espacio público necesario para los grandes equipamientos urbanos y metropolitanos (tratamiento y abastecimiento de aguas, gestión de residuos, viales y parques).


Los puertos son organizaciones complejas en las que intervienen multitud de actores con diferentes intereses, y el conjunto de todos ellos tiene gran influencia en su hinterland y en particular en la economía local, con mayor peso en puertos insulares. La responsabilidad de sus gestores va mucho más allá de defender una cuenta de resultados favorable, siendo necesario tanto planificar a medio/largo plazo como gestionar e incluso comercializar en el día a día la infraestructura y sus servicios asociados para que los actores puedan desarrollar su actividad de la manera más eficiente posible, en un contexto internacional de alta competencia.


Consecuentemente, las Autoridades Portuarias requieren de plantillas multidisciplinares para poder afrontar con éxito estos retos, en las que no solo no pueden faltar los ICCP, sino que debe haber los necesarios para cubrir adecuadamente todas las facetas de la actividad portuaria, y con un nivel de responsabilidad acorde con las funciones a desempeñar por su formación y capacitación. Por último, deben contar con suficientes ingenieros jóvenes para que a través de su aprendizaje pueda asegurarse el relevo de los mayores.


Los puertos españoles se han forjado durante décadas gracias a un efectivo trabajo creativo, y de éxito reconocido, en el que los ICCP han desempeñado un papel de liderazgo muy relevante, y como la actividad portuaria y la estructura alcanzada por los puertos tienen mucha inercia, todavía el conjunto de los puertos vive de aquellas rentas, pero es ilusorio pensar que por buenos que sean los resultados actuales, estos se pueden mantener indefinidamente si se apuesta por eliminar o reducir la componente técnica especialista a la que deben su fortaleza.


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