​El alma del puerto

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Facocip   imagen pedro cu00e9sar Maru00edn

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Hay quien cree que lo material es inerte, que no tiene alma, voz o voluntad. Hoy desmontamos cada argumento y demostramos lo contrario en primera persona

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Permítanme presentarme: soy el puerto.


Conocido por todos soy ese espacio donde se une la tierra con el mar, lo habitual con lo desconocido, lo concreto con lo abstracto, el inicio con el fin. Soy un lugar de contrastes, de vivencias, de historias e inspiraciones. Soy aquello que se encuentra en cada ciudad, en cada pueblo y en cada orilla costera.


Mi historia es la historia de nuestra civilización, ya que por mar llegaron nuestros antepasados hasta nuestras islas, y también conquistadores y pobladores. Mi alma es el alma de cada marinero, de cada viajero, cada pescador… A lo largo del tiempo he visto crecer a mi alrededor a muchas personas, he visto pasar generaciones enteras, algunas de pescadores, otras de mercaderes, otras de trabajadores portuarios. Todas ellas han ido forjando mi personalidad, dándome forma, vida y sentido.


He sido sustento de muchos de nuestros antepasados, dando refugio a barcos y tripulantes ante las inclemencias y adversidades del mar, prestando manos que ayudan a reparar las consecuencias de dichas inclemencias o abasteciendo de lo necesario para poder continuar su camino en las largas travesías que año tras año realizan los diferentes navíos que me visitan.


Gracias a la recepción de los diferentes navíos que ocupan mis alrededores la ciudad ha crecido junto a mí, ya que al hacer posible la importación y exportación de diversidad de productos, la sociedad ha podido desarrollarse y ser el archipiélago que hoy conocemos. También soy el responsable en gran medida de nuestra multiculturalidad, una mezcla perfecta de idiomas, formas de vivir y culturas que se han fundido en lo que hoy conocemos como canariedad.


Conmigo han ido y venido las noticias y novedades, dado que el mar siempre fue la principal vía de transporte para tantos pedazos de tierra que se esparcen a lo largo y ancho de nuestro mundo. Algunas más positivas y otras negativas, algunas beneficiosas para nosotros y otras más bien trágicas, pero al fin y al cabo he sido mensajero y he permitido que se conozca también lo que aquí sucede.


He sido testigo de amargas despedidas, amores que se separan, familias que se lloran, pero también de emotivos y maravillosos encuentros unidos a las esperanzas de cada uno de sus protagonista: amigos, familiares y parejas que regresan a su lugar de origen tras pasar un tiempo fuera de nuestras islas para poderse ganar el pan.


Y es que mi evolución ha ido paralela a la evolución de la población. Por ello, con la llegada de las nuevas tecnologías y dejando de ser el único cauce de unión entre estas islas y el resto del mundo, mi alma se ha visto algo apocada y he quedado injustamente relegado a un segundo plano, olvidado por aquellos a los que un día di cobijo y pan, y traicionado por muchos otros que encontraron en mi desgracia una oportunidad.


La Factoría de Cohesión reivindica hoy, tal y como ha hecho desde sus inicios, la importancia del puerto, de su alma, de sus gentes y de su idiosincrasia. Porque seguimos creyendo en el alma del puerto como motor de nuestra sociedad en todos los sentidos, porque sabemos que sigue siendo un mar de oportunidades en todos los sentidos y porque queremos que la sociedad siga formando parte de él. Por ello, ponemos toda nuestra voluntad y el alma en nuestros proyectos de igualdad, cultura, formación, empleo... porque el alma del puerto habla y reclama una respuesta, y nosotros estamos aquí para dársela.

​El alma del puerto

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Hay quien cree que lo material es inerte, que no tiene alma, voz o voluntad. Hoy desmontamos cada argumento y demostramos lo contrario en primera persona

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Permítanme presentarme: soy el puerto.


Conocido por todos soy ese espacio donde se une la tierra con el mar, lo habitual con lo desconocido, lo concreto con lo abstracto, el inicio con el fin. Soy un lugar de contrastes, de vivencias, de historias e inspiraciones. Soy aquello que se encuentra en cada ciudad, en cada pueblo y en cada orilla costera.


Mi historia es la historia de nuestra civilización, ya que por mar llegaron nuestros antepasados hasta nuestras islas, y también conquistadores y pobladores. Mi alma es el alma de cada marinero, de cada viajero, cada pescador… A lo largo del tiempo he visto crecer a mi alrededor a muchas personas, he visto pasar generaciones enteras, algunas de pescadores, otras de mercaderes, otras de trabajadores portuarios. Todas ellas han ido forjando mi personalidad, dándome forma, vida y sentido.


He sido sustento de muchos de nuestros antepasados, dando refugio a barcos y tripulantes ante las inclemencias y adversidades del mar, prestando manos que ayudan a reparar las consecuencias de dichas inclemencias o abasteciendo de lo necesario para poder continuar su camino en las largas travesías que año tras año realizan los diferentes navíos que me visitan.


Gracias a la recepción de los diferentes navíos que ocupan mis alrededores la ciudad ha crecido junto a mí, ya que al hacer posible la importación y exportación de diversidad de productos, la sociedad ha podido desarrollarse y ser el archipiélago que hoy conocemos. También soy el responsable en gran medida de nuestra multiculturalidad, una mezcla perfecta de idiomas, formas de vivir y culturas que se han fundido en lo que hoy conocemos como canariedad.


Conmigo han ido y venido las noticias y novedades, dado que el mar siempre fue la principal vía de transporte para tantos pedazos de tierra que se esparcen a lo largo y ancho de nuestro mundo. Algunas más positivas y otras negativas, algunas beneficiosas para nosotros y otras más bien trágicas, pero al fin y al cabo he sido mensajero y he permitido que se conozca también lo que aquí sucede.


He sido testigo de amargas despedidas, amores que se separan, familias que se lloran, pero también de emotivos y maravillosos encuentros unidos a las esperanzas de cada uno de sus protagonista: amigos, familiares y parejas que regresan a su lugar de origen tras pasar un tiempo fuera de nuestras islas para poderse ganar el pan.


Y es que mi evolución ha ido paralela a la evolución de la población. Por ello, con la llegada de las nuevas tecnologías y dejando de ser el único cauce de unión entre estas islas y el resto del mundo, mi alma se ha visto algo apocada y he quedado injustamente relegado a un segundo plano, olvidado por aquellos a los que un día di cobijo y pan, y traicionado por muchos otros que encontraron en mi desgracia una oportunidad.


La Factoría de Cohesión reivindica hoy, tal y como ha hecho desde sus inicios, la importancia del puerto, de su alma, de sus gentes y de su idiosincrasia. Porque seguimos creyendo en el alma del puerto como motor de nuestra sociedad en todos los sentidos, porque sabemos que sigue siendo un mar de oportunidades en todos los sentidos y porque queremos que la sociedad siga formando parte de él. Por ello, ponemos toda nuestra voluntad y el alma en nuestros proyectos de igualdad, cultura, formación, empleo... porque el alma del puerto habla y reclama una respuesta, y nosotros estamos aquí para dársela.

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