​Turrones y/o carbón

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Carbu00f3n dulce

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Entre los turrones navideños y el carbón que traerán los Reyes andamos. Es un momento de transición y cambio de año.


La transformación que viven nuestras vidas es total. Ahora que se va apagando el foco mediático del Cumbre Vieja, se inicia la reconstrucción de lo arrebatado por la lava, magma y cenizas incandescentes que nos estuvieron cayendo durante más de 3 meses. Pero la tesitura no requiere sólo de solidaridad, rápida actuación gubernamental o ayudas directas, más bien, hay que pararse a pensar un poco más mirando hacia adelante, y apostar por reforzar las estructuras propias de las Islas para que podamos generar mayor valor añadido desde el archipiélago, sin depender de subvenciones o inyecciones estatales.


Para empezar, con Omicrón por delante, toca un poco de sacrificio y limitar de nuevo el contacto social y extremar las medidas de seguridad ante la Sexta Ola en la que ya estamos inmersos. Es evidente que los cotillones de Nochevieja no tienen lugar en un mundo lógico, pero como la decisión está en manos de las Comunidades, cada uno tira por su lado, generando mayor confusión dentro del caos venidero. Ahora hay comunidades que se han compinchado entre ellas para establecer medidas conjuntas de manera coordinada, ante la difusa falta de gestión del Estado Central. Dejar hacer parece ser la estrategia del gobierno; “el riesgo y potencial crispación social se esparce entre provincias si cada presidente autonómico toma la decisión sobre su gente”, deben pensar las mentes pensantes de Pedro Sánchez y sus subordinados en el poder.


En poco más de un mes, Omicrón está azotando a todos los estamentos de la sociedad sin distinguir entre clases, razas, colores o actividades profesionales. Actores, políticos, deportistas, compañeros, amigos, familia, tod@s estamos cayendo ante esta nueva variante ante la cual parece no hay remedio. Si hasta los vacunados se contagian, es verdad que no hay remedio de nuevo frente a la pandemia. Lo único bueno parece ser que resulta menos letal y quizás acabemos conviviendo con ella, pero por el momento, las Navidades están resultando fatídicas en cuanto a contagios se refiere. Para Reyes podemos esperar mucho carbón en forma de colapso de ambulatorios locales, hospitales, UCIs y medidas restrictivas paliativas del desastre que tenemos en frente. Si siempre se decía antaño que MEJOR PREVENIR QUE CURAR, por qué ahora el gobierno no actúa de manera contundente y efectiva, sin dejar lugar a esta descoordinación legal de actuación pública frente a un enemigo invisible y maligno.


Logísticamente hablando, los retos que traen consigo los Reyes, además del supuesto carbón, son claros y evidentes. Visión de futuro, digitalización, innovación, formación y ganas serán indispensables si queremos sobrevivir al tiempo venidero. Por el momento nos va bien, estamos por encima de los registros de 2019 en tráfico de mercancías, graneles líquidos y sólidos, pero con tanta inflación, costes crecientes de bunker y energía, puede que la cosa vaya a peor pronto.


Si no se autorizan los fuegos artificiales en la playa, pues siempre podemos tirarlos desde la terraza de casa o el balcón… se trata de tener actitud positiva, solidaria y responsable con la sociedad, con nosotr@s mismos, con la Vida, o mucho carbón nos espera en las cestas de cada hogar.

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Entre los turrones navideños y el carbón que traerán los Reyes andamos. Es un momento de transición y cambio de año.


La transformación que viven nuestras vidas es total. Ahora que se va apagando el foco mediático del Cumbre Vieja, se inicia la reconstrucción de lo arrebatado por la lava, magma y cenizas incandescentes que nos estuvieron cayendo durante más de 3 meses. Pero la tesitura no requiere sólo de solidaridad, rápida actuación gubernamental o ayudas directas, más bien, hay que pararse a pensar un poco más mirando hacia adelante, y apostar por reforzar las estructuras propias de las Islas para que podamos generar mayor valor añadido desde el archipiélago, sin depender de subvenciones o inyecciones estatales.


Para empezar, con Omicrón por delante, toca un poco de sacrificio y limitar de nuevo el contacto social y extremar las medidas de seguridad ante la Sexta Ola en la que ya estamos inmersos. Es evidente que los cotillones de Nochevieja no tienen lugar en un mundo lógico, pero como la decisión está en manos de las Comunidades, cada uno tira por su lado, generando mayor confusión dentro del caos venidero. Ahora hay comunidades que se han compinchado entre ellas para establecer medidas conjuntas de manera coordinada, ante la difusa falta de gestión del Estado Central. Dejar hacer parece ser la estrategia del gobierno; “el riesgo y potencial crispación social se esparce entre provincias si cada presidente autonómico toma la decisión sobre su gente”, deben pensar las mentes pensantes de Pedro Sánchez y sus subordinados en el poder.


En poco más de un mes, Omicrón está azotando a todos los estamentos de la sociedad sin distinguir entre clases, razas, colores o actividades profesionales. Actores, políticos, deportistas, compañeros, amigos, familia, tod@s estamos cayendo ante esta nueva variante ante la cual parece no hay remedio. Si hasta los vacunados se contagian, es verdad que no hay remedio de nuevo frente a la pandemia. Lo único bueno parece ser que resulta menos letal y quizás acabemos conviviendo con ella, pero por el momento, las Navidades están resultando fatídicas en cuanto a contagios se refiere. Para Reyes podemos esperar mucho carbón en forma de colapso de ambulatorios locales, hospitales, UCIs y medidas restrictivas paliativas del desastre que tenemos en frente. Si siempre se decía antaño que MEJOR PREVENIR QUE CURAR, por qué ahora el gobierno no actúa de manera contundente y efectiva, sin dejar lugar a esta descoordinación legal de actuación pública frente a un enemigo invisible y maligno.


Logísticamente hablando, los retos que traen consigo los Reyes, además del supuesto carbón, son claros y evidentes. Visión de futuro, digitalización, innovación, formación y ganas serán indispensables si queremos sobrevivir al tiempo venidero. Por el momento nos va bien, estamos por encima de los registros de 2019 en tráfico de mercancías, graneles líquidos y sólidos, pero con tanta inflación, costes crecientes de bunker y energía, puede que la cosa vaya a peor pronto.


Si no se autorizan los fuegos artificiales en la playa, pues siempre podemos tirarlos desde la terraza de casa o el balcón… se trata de tener actitud positiva, solidaria y responsable con la sociedad, con nosotr@s mismos, con la Vida, o mucho carbón nos espera en las cestas de cada hogar.

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